El cuerpo
social tiene muchos sistemas y subsistemas que le permiten la vida. El sistema
circulatorio transporta personas y cosas dentro de las ciudades, entre
ciudades, entre países, dentro de un continente, entre continentes,
usando medios terrestres, acuáticos y aéreos. Cuando se produce
un corte en el sistema circulatorio, estamos frente a una enfermedad social
cada vez más frecuente de nuestro tiempo con consecuencias
fundamentalmente económicas y para la salud: son algo así como
micro infartos sociales. Se producen fundamentalmente en las principales
arterias o en el corazón de las ciudades más pobladas.
Cortes naturales y azarosos
El corte
del sistema circulatorio de personas y cosas, puede producirse por causas
naturales o humanas. Las naturales pueden provenir de inundaciones, terremotos,
tsunamis, huracanes, tornados y tantos otros meteoros muy destructivos, contra
las que poco o nada podemos hacer, dada la magnitud de las fuerzas desatadas de
la naturaleza.
Otros se
producen por fallas de material o errores humanos y son posibles de disminuir
mediante acciones preventivas diversas. Nos referimos a por ejemplo choques,
vuelcos, incendios desperfectos mecánicos, que acontecen a diario en
todas las ciudades del mundo, en medio de calles, avenidas o autopistas
atestadas de tránsito, especialmente en horas pico. Ambas responden al
azar.
Cortes producidos por la actividad
humana
Pero hay
una tercera generación de esta suerte de micro infartos, que se deben a
la acción deliberada de los seres humanos, que cortan el sistema
circulatorio con precisión quirúrgica y provocan daños de
todo tipo al cada vez más sensible cuerpo social, habida cuenta de la
creciente superpoblación del planeta. Hay quienes producen esos cortes
para protestar por causas que consideran importantes y apelan a este recurso,
como una forma de llamar la atención y hacerse visibles para las
autoridades.
Esos
infartos obligan a que la circulación deba salir de las arterias, se
encauce por vasos capilares menores, creando stress, rabia, impotencia,
pérdidas enormes de tiempo, médicos que no llegan a una urgencia,
madres que no llegan a tiempo a buscar a sus pequeños, aumento del
tiempo de viaje a personas que con sacrificio van a su trabajo desde zonas
alejadas, muertes en las colas, ambulancias que no llegan al paciente grave o
con el paciente grave, mayor contaminación ambiental, consumo
inútil de combustible, contribución al Efecto Invernadero de
origen antropogénico, etcétera.
Efectos no deseados
Según
el IPCC (Panel Intergubernamental para el cambio Climático), ya nadie
puede dudar de que los automóviles son protagonistas del aumento de la
temperatura terrestre por las emisiones de Anhídrido Carbónico
(CO2) y de la
Contaminación del Aire por la emisión
especialmente de Monóxido de carbono (CO). Según el diario
francés Libération solamente los
embotellamientos en las ciudades de Estados Unidos, provocan el consumo de
8.700 millones de litros extra de combustible y la emisión de 20
millones de toneladas adicionales de carbono a la atmósfera. Hoy en
día el transporte no sólo es el principal consumidor de
energía del planeta, sino que también es el responsable de entre
el 22 y el 25% de las emisiones de C02 a la atmósfera.
Pero estos
son los datos de EE.UU. pero, y en el resto de las
ciudades del mundo, ¿Cuánto es el consumo es más y
cuánta es la emisión en más por acción deliberada
de los seres humanos?, ¿No han firmado la mayoría de las naciones
y ratificado el Protocolo de Kyoto, que se encuentra vigente desde febrero de
2005?, ¿quien paga el costo de los incontables micro infartos diarios
por decisión de las personas, mantenidos a través de largo tiempo?.
Momento de reflexión
¿No
seria el momento de pensar como hacer para evitar que la gente deba llegar al
extremo de tener que cortar el tránsito para ser escuchada en sus
legítimos reclamos?. Se evitarían
así efectos no deseados tales como entorpecer aún más el
Transporte, que se halla altamente congestionado en todo el planeta,
incrementar la
Contaminación del Aire en las ciudades, consumir
inútilmente el combustible costoso y escaso y afectar a millones de
personas. Es para pensarlo ¿no?.
Adolfo
Cristian Farizano – Oficial de Estado Mayor
– Master en Transporte – Experto e Investigador Asociado de la Fundación Atlas
de Argentina.