Macri esperaba un “milagro” de Francisco y ni siquiera recibió un rosario…
Humberto Bonanata


Desde 2008, recién comenzado el primer gobierno porteño de Mauricio Macri, el entonces Arzobispo de Buenos Aires -Jorge Bergoglio- sólo recibía las visitas de novel gobernante y de su vicejefe, hoy vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti.
 
Eran tiempos de ostracismo oficial para el sacerdote jesuita y ex militante de “Guardia de Hierro” aquellos que se autotitulaban “los verdaderos soldados de Perón”.
 
Néstor y Cristina Kirchner le cambiaban de lugar los Tedeum para evitar enfrentarlo luego de la homilía del 25 de mayo de 2004.
 
Macri y Michetti, en cambio, no fueron contemplativos de tal desplante oficial del mensajero de la paz. Lo visitaban y enviaban sus representantes cada vez que “el compañero” Bergoglio lo requería.
 
Santiago de Estrada, -"el obispo"- hoy Secretario de Culto de la Nación, era uno de los principales vasos comunicantes entre el poder celestial y el efímero poder terrenal.
 
Sucedió 2015, año de seis elecciones para los porteños. Para evitar intromisiones humanas, Francisco decidió no visitar su país y lo postergó para 2016.
 
El heredero de Pedro enfrentaba todo mal humano en el mundo y defendía todo mal gobernante en su propia Patria.
 
Año de elecciones en su país, Bergoglio se manifestó condescendiente con el régimen kirchnerista y recibió cuanto delincuente llegara a Roma, desde Milagro Sala hasta los representantes de “la Cámpora” de quienes enarboló sonrientemente su bandera.
 
También sonrió cuando entrevistó en la isla cárcel de Cuba al genocida Fidel Castro.
 
Agosto 9 de 2015: su candidato a gobernador bonaerense -Julián Domínguez- era derrotado en las P.A.S.O. por Aníbal Fernández y el narco-castigo del pueblo comenzaba a evidenciar un milagro: que el 25 de octubre la fórmula compuesta por María Eugenia Vidal-Daniel Salvador derrotara a Aníbal Fernández-Martín Sabbatella y abriera el triunfo de la derecha neoliberal -cuasi anticristiana- encabezada por Macri  y el radicalismo el 22 de noviembre, en la histórica segunda vuelta electoral.
 
Ese día de consolidación democrática encontró a nuestro vecino de Flores ajeno a los “sucesos argentinos”. Macri se cansaba de preguntar en su bunker de Costa Salguero a sus más cercanos si había llamado Francisco y la respuesta era una constante y rotunda negativa.
 
Hasta “Don Franco” lo había visitado a Mauricio reconociéndole su doble triunfo: el electoral y el vivencial: el hijo había superado al padre…
 
Febrero 27 de 2016: El Presidente de la Nación Argentina visita al Sumo Pontífice Católico junto con su señora esposa, Juliana Awada.
 
Su Santidad no pudo cumplir con su promesa de visitar “su casa grande” en 2016: hubiera sido una aprobación ficta hacia un gobierno antipopulista y reaccionario, votado por el pueblo.
 
Recibe por parte del Santo Padre un “rictus” desagradable que los medios informativos mundiales se encargaron de destacar ante la inconsistencia -o beneplácito furtivo- de los medios nacionales.
 
Ese silencio “lavado” de la prensa argentina sólo puede compararse con la “opinión publicada” ante la visita de Videla a James Carter en 1977 después de afirmar ante una molesta pregunta del periodismo internacional que los desaparecidos “no existen, no están ni vivos ni muertos” (sic), como lo recuerda Ceferino Reato en su nuevo libro “Disposición Final” de muy próxima aparición ante los lectores necesitados de comprender la verdad de nuestra historia, muy especialmente los jóvenes que no la vivieron.
 
Mauricio Macri regresa a la Argentina -que vio nacer a Bergoglio- con un “sabor amargo de su triunfo”.
 
Porque logró que en cinco años por primera vez el ciclo lectivo en la mayoría de las provincias comience normalmente mañana lunes 29 de febrero -día del súper ñoqui por ser año bisiesto-; encaminar una solución definitiva con los bonistas y lograr una salida del default; que el país que preside logre tomar deuda a la misma tasa que la hace el ministro liberal boliviano (4% anual a 30 años); que la justicia independiente -sin que le pateen las puertas a los despachos de los jueces- logre hacer funcionar la independencia de un poder -hasta ahora- tan oscuro como el judicial; que podamos saber quiénes y porqué mataron a Alberto Nisman; denunciar ante la Asamblea Legislativa  este martes 1 de marzo el país absorto en grado de fermentación que le entregó el régimen kirchnerista y proyectar políticas para el conjunto que superen las diferencias ideológicas y más aún las electorales.
 
Rossana Bertone (Tierra del Fuego), Alfredo Cornejo (Mendoza)  y Juan Manuel Urtubey (Salta) serán contestes del destrato papal y de abierta convocatoria de un gobierno que sabe remediar sus errores, algo poco frecuente en la Argentina.
 
El Presidente de la Nación y los Gobernadores tienen la obligación de informar al pueblo que los votó sobre la desastrosa “herencia recibida” del kirchnerato.
 
Obviarlo no sería complaciente con el pasado; los haría cómplices.
 

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