El consumo, una ilusión económica en tiempos de crisis
Ignacio Clancy
Ignacio Clancy es Investigador de Fundación Atlas para una Sociedad Libre, especializado en Políticas Públicas para una Sociedad Abierta.


Mucho se está hablando del consumo en los últimos tiempos en la Argentina. Se dice que los comercios están llenos de gente, que en los feriados el turismo agota la capacidad hotelera y que los gastos realizados superan a los feriados anteriores, que la gente ahora puede comprar televisores LCD, etc. La lista es larga y podría poner mucho ejemplos más, pero lo importante es señalar que estas ideas lo que generan es una sensación de bienestar económico. Es fácil pensar que, si los comercios desbordan de clientes y los argentinos gastan mucho en turismo, la economía del país marcha bien, está creciendo y hay trabajo. Pero veremos que estos indicadores populares de consumo no necesariamente reflejan una expansión económica, sino todo lo contrario: son señales de alarma (en el caso de nuestro país). Comencemos con los siguientes conceptos: consumo, ahorro y atesoramiento. El primero de los términos, consumo, se refiere a la parte del ingreso que un individuo destina a la adquisición de bienes  y servicios.  El ahorro es la otra parte del ingreso que un individuo no consume pero que invierte buscando una renta, el plazo fijo es un ejemplo. La parte del ingreso que mantiene en efectivo o “debajo del colchón” se llama atesoramiento y no genera ninguna renta. Es muy importante diferenciar entre ahorro y atesoramiento, porque el primero al invertirse entra en el sistema productivo del país, esto significa que permite financiar las inversiones de otros individuos. Así, el dinero depositado en un plazo fijo es utilizado por el banco para prestarlo a otro individuo que busca financiar sus proyectos.  Entonces cuanto mayor sea el nivel de ahorro, más dinero habrá para financiar inversiones.  Por otro lado el atesoramiento no permite el financiamiento de otros individuos ya que el dinero no está en el sistema. El otro aspecto importante a resaltar sobre estos tres conceptos es que, cuanto mayor es el consumo, menor es el ahorro. El último concepto fundamental que es necesario entender es el de los bienes de capital, que son aquellos bienes que no se destinan al consumo final, sino a procesos productivos, ya sea como materia prima o como bienes intermedios del proceso. Pueden ser metales, maquinarias, tornillos, etc. Lo importante de estos bienes es que generan trabajo, porque se necesita gente para convertirlos en bienes de consumo.
Ahora ya podemos comenzar a analizar el crecimiento de la economía de un país en función del consumo y del ahorro. La creencia popular dice que si la gente compra, gasta o consume, la economía está bien, está creciendo. Pero analicemos cómo crecen las economías. Si bien hay muchas formas de medir el crecimiento económico, la realidad es que una economía crece cuando aumentan los bienes de capital en la misma, o sea cuando hay más bienes de producción (cuando aumentan las maquinarias en una fábrica, el stock ganadero en un campo, etc.).  Ahora, ¿cómo se generan estos bienes de capital? Se los puede producir o comprar, pero como sea, para ello se necesita dinero y justamente ese dinero sale del ahorro previamente hecho. Recordemos que al aumentar los bienes de capital aumenta también el empleo. Por otro lado, con éstos se producen bienes de consumo (después de un largo proceso de producción de varias etapas) y al aumentar el stock de los mismos los precios caen y los salarios reales (la cantidad de bienes que se pueden comprar con un salario) suben. Los bienes de lujo se vuelven más accesibles y en general el nivel de vida de población aumenta. Pero, ¿qué ocurre si un país consume todo su ingreso y no ahorra (o ahorra muy poco)? Ocurre que no hay dinero para prestar, las tasas de interés son muy altas y por lo tanto las inversiones caen y la economía no crece. En realidad existe otra opción, que es que los bienes de capital se financien con inversión extranjera (que en realidad es el dinero ahorrado por los habitantes de otro país y que un individuo tomó prestado y lo invierte en la Argentina). En general las economías se financian de ambas formas, pero si un país no ahorra es muy difícil que haya crecimiento económico.  Hay que tener en claro que para que una economía crezca se necesita ahorro: a mayor nivel de ahorro hay más cantidad de dinero para prestar, esto hace que caiga la tasa de interés y que el financiamiento para las inversiones sea más barato. Con lo cual aumentan las inversiones y así los bienes de capital. 
Veamos ahora cómo se genera el ahorro y su relación con el consumo. En una sociedad no intervenida por el Estado (o muy poco intervenida) se va buscando un equilibrio entre ahorro y consumo. En realidad, una parte de los individuos ahorra y otra consume, y luego las partes se van alternando. Esto básicamente depende de las preferencias temporales de los individuos. Sin entrar en definiciones económicas, aquellas personas que valoren más el dinero en el presente para gastarlo (sea por el motivo que fuere) serán los consumidores y aquellas otras que no lo valoren tanto en el presente, sino que prefieran ahorrarlo para utilizarlo en el futuro (a cambio de un interés), serán los que generen el ahorro que se utilizará para las inversiones. Por supuesto, estas preferencias temporales cambian con el tiempo, y de esta forma las sociedades mantienen un equilibrio entre ahorro y consumo.  Es importante destacar que si se estimula arbitrariamente la demanda presente de bienes de consumo al mismo tiempo se está desalentando el ahorro, y por el ende la inversión de bienes de capital que generarían un aumento futuro de los bienes de consumo. En resumen, cada vez que el estado rompe el equilibrio de la sociedad entre consumo y ahorro volcando a la misma hacia el consumo, está destruyendo las inversiones en bienes de capital. En nuestro país el nivel de consumo es muy alto, los argentinos estamos gastando casi la totalidad de nuestro ingreso y destinando nada o casi nada al ahorro.  Esto se puede ver claramente ver en los altísimos niveles de intereses que se cobran en los créditos bancarios en nuestro país. Si hubiese dinero en los bancos, producto del ahorro de la población, los intereses serí0an bajos. Entonces podemos concluir que actualmente no hay inversión en la Argentina, y por lo tanto la economía no puede estar creciendo. Si a esto le sumamos la inflación y la falta de capitales extranjeros (que disminuye con los años) podemos ver que no sólo la Argentina no está creciendo sino que se está empobreciendo.  
Veamos ahora los efectos de la falta de ahorro de un país a nivel individual y su relación con el consumo. Normalmente, en cualquier país desarrollado, una persona que comienza a trabajar, con un sueldo promedio, tiene como objetivo a mediano o largo plazo poder comprar una casa o un departamento propio. Esto lo hace mediante el ahorro, el atesoramiento y el crédito. O sea, gasta de su ingreso una porción para vivir y el resto lo invierte (ahorro) o guarda en efectivo (atesoramiento). Una vez que logra alcanzar una buena “base de dinero” va a un banco a pedir un préstamo. Así finalmente compra su vivienda. Por supuesto hay muchísimas herramientas financieras en el mundo para obtener financiamiento, como el leasing, pero a grandes rasgos esta es la forma en que los jóvenes adquieren una vivienda. ¿Qué le ocurre a un argentino de 30 años con un sueldo promedio? Este se encuentra en una disyuntiva. Al ser el interés de los créditos tan altos (justamente porque no hay ahorro) es muy difícil endeudarse con el banco. Con lo cual queda acceder a la vivienda mediante el ahorro personal o el atesoramiento o con la ayuda de un tercero, ejemplo, los padres. Vemos entonces que es casi imposible acceder a una vivienda para un trabajador con un sueldo promedio. Se estima que un joven profesional deberá destinar 74 sueldos (promedios, de AR$ 5600) para adquirir su primer hogar y suponiendo que no consumiría nada de su ingreso y lo atesoraría todo, cuestión que es imposible ya que tiene que vivir. 
Sabiendo que el acceso a la vivienda es casi imposible y por lo tanto no teniendo posibilidades de ahorro a mediano y corto plazo (ya que si no se puede alcanzar una casa, menos todavía se puede invertir en bienes de capital), los argentinos nos dedicamos a gastar en lugar de ahorrar. Así se explica, a grandes rasgos, el alto nivel de consumo de la Argentina.  La cuestión se complica un poco más, ya que por un lado la inflación, que disminuye el poder adquisitivo del sueldo, y por el otro el cepo al dólar y los paquetes que incentivan el consumo por parte del gobierno, hacen que nos alejemos cada vez más del ahorro y nos volquemos compulsivamente a consumir. Ya que si no compramos el televisor hoy, dentro un mes saldrá unos cuantos pesos más. Alguien podría decir que esto es bueno, ya que los argentinos están adquiriendo bienes, con lo cual se capitalizan. Pero esto no es correcto, ya que estos bienes de consumo se deprecian muy rápidamente por el avance de la tecnología. Con lo cual podemos ver que al consumir este tipo de bienes, los argentinos nos estamos descapitalizando con el paso del tiempo. En otras palabras, nos estamos empobreciendo.  
Bien, ahora entendemos por qué la Argentina está tan volcada al consumo. Pero entonces ¿el consumo es malo? No, es solamente una cara de la moneda que hay que analizar siempre conjuntamente con el ahorro. Lo que ocurre es que el consumo funciona como una “ilusión económica” ya que el comercio se mueve activamente y esto lleva a pensar que la economía está sana y creciendo. Ahora sabemos cuál es la realidad del consumo en nuestro país. No es debido a un crecimiento económico, sino fruto del gasto (desahorro) casi total de los ingresos de los argentinos. 


 

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