Las movilizaciones horizontales impulsan doxarquías para consagrar la alterpolítica
Javier Cubillas
Coordinador del Programa de Jóvenes Investigadores y Comunicadores Sociales, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Este ensayo busca escribir y reflejar algunos bordes del pensamiento político. Hablo de los bordes de la ciencia política institucional, dura, cuantitativa, esa que por momentos no se permite deconstruir pasado, presente y ni hablar del futuro.

En estos bordes entonces emerge el concepto de alterpolítica. Es decir, la otra política, su reverso. La que se desplaza hacia la centralidad ciudadana, por ende mas horizontal y con tendencia dialógica. Es la política que se enmarca en la nueva cuestión social pero también busca ampliarla para no ser atrapada por las ideologías que quieren cooptarla.

Esta alterpolítica es fruto de los espacios públicos, de los movimientos sociales, de las nuevas comunicaciones, de la licuación y fragmentación del corpus y saber técnico de las administraciones públicas y sus militantes. Ahora, la centralidad la tiene la sorpresa, lo imprevisto, por ende la ruptura constante, la critica constante, el impulso constante de quienes se cansaron de un modo de hacer política institucional. Por eso, el primer objeto de análisis en desuso aquí es el partido político tradicional. Sobreviven ahora un corto tiempo sólo las primeras impresiones, las imágenes, los slogans, lo que impacta una semana antes de cada elección.

Este modo de vivir algunos rasgos de cumplimiento de la poliarquía, tiene como actor difuso y preponderante a una multiplicidad que se mueve por intensidad y no por constancia y regularidad. Este actor difuso es lo que entiendo podemos denominar: movimiento horizontal.

Los movimientos horizontales son movimientos dentro de la sociedad que se aglutinan en torno a un reclamo social o político dirigido a un gobierno y que no tienen constitutivamente una organización ni un liderazgo reconocible, fuerte ni estable, y que además se coordinan gracias a las redes y tecnologías de comunicación actual.

Tienen entonces como característica principal su corto tiempo de impulso, una intensidad visible y un objeto claro de hacerse escuchar y ver para provocar un cambio o mejora en materia de políticas publicas.

En este punto de movimiento e intensidad, es cuando los movimientos horizontales encuentran una fuerza que obliga a los medios masivos de comunicación e instituciones políticas a observar lo que se expresan audiovisualmente.

Cuando ello ocurre, los medios como la TV, la radio y los diarios, amplían la novedad y le dan un carácter de ejemplaridad y formalidad al reclamo. Estos medios y sus periodistas y redacciones también se ven afectados y compelidos a actuar de acuerdo a la intensidad de la protesta. Así, legitimado ahora por actores que bien teatralizan la indignación y son reconocidos como el cuarto poder, el reclamo irrumpe en los gabinetes y la agenda de gobierno comienza a cambiar en sus prioridades. Ese reclamo, motorizado por los movimientos horizontales que como opinión disruptiva afecta la marcha y dirección original de la administración y los medios masivos es lo que proponemos denominar: Doxarquía.

Doxarquía es la estructuración de una opinión social con la intensidad suficiente como para hegemonizar la opinión publica y la temática de los medios masivos de comunicación, afectando y cambiando la toma de decisiones de los gobernantes.

Es la Doxarquía, materializada como tal, un poder en si mismo capaz de dominar simbólicamente un momento de la política institucional desde la alterpolítica. Puede aportarle nuevos sentidos y contenidos a la política instrumental al incorporarle cambios a las normas y acciones de gobiernos y gobernantes. Reactualiza los momentáneos consensos.

Es un modo de influir en la política institucional que la deconstruye ampliándola, abriéndola, escrutándola, levantando el velo sobre su accionar anterior, poniendo en jaque algún modo de ejercer el poder que ya no tenia legitimidad suficiente como para mantener el status quo administrativo.

 Así, la alter política, es esa política difusa que viene a ampliar los marcos interpretativos y a poner en jaque ciertas miradas y practicas reglamentarias, administrativas y elitistas. Los movimientos horizontales por su parte, surgen como expresión del descontento e influencia coyuntural y que vienen a ponerle el cuerpo a lo virtual, a lo simbólico tecnológico que se vuelve real y presente para todos los conectados. Esa realidad y presencia, que impacta en los que dirigen la sociedad, que los afecta en su reputación y por lo cual se ven obligados a cambiar alguna de sus actuaciones, es el re direccionamiento simbólico y guiado por la sociedad que llamamos Doxarquía.

Finalmente, o por ahora, como todo ensayo, éste se encuentra abierto a ser reescrito pero también a ser discutido por la coyuntura y desde los bordes. Quienes compartan esta inquietante necesidad de deconstruir la realidad, bienvenidos.

 

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