Los argumentos oficialistas para el 2017 son muy incoherentes
Alejandro A. Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


El presidente del BCRA dijo que llama la atención la escasa importancia que se le da a la relación entre la expansión monetaria y la inflación: “En 2015, la tasa de expansión monetaria había llegado al 50%. Nosotros la bajamos a 20%...”. O sea, si bajó la expansión monetaria y se aplicó una política -de tasas altísimas y emisión de Lebacs- “anti inflacionaria” el aumento del IPC debería haber sido menor y, sin embargo, creció desde el 27% en 2015 al 40% en 2016.
 
Ni siquiera voy a mencionar el tema de la “herencia recibida” porque ya me da demasiada vergüenza ajena. Lo que realmente ocurrió es que las Lebcas no son anti inflacionarias. Si fuera cierto, los políticos podrían imprimir toda la moneda que quisieran total después la "estirilizan” con títulos públicos. Muy por el contrario, las Lebacs son inflacionarias. La inflación es un exceso de emisión (oferta) por sobre la demanda de moneda en tiempo real, es decir que se da instantáneamente apenas se lanzó al mercado el exceso, luego ya no hay manera de revertirla.
 
Las Lebacs, provocan un aumento artificial de la tasa de interés absorbiendo pesos (bajando la demanda de circulante) por encima de lo que el mercado haría. Es decir, contraen artificialmente la demanda provocando inflación al aumentar la brecha con la oferta. Eso sí, la mayoría de los analistas recomienda comprarlas porque le van a ganar al dólar en 2017. O sea, absorben capitales que podrían ir a la producción.
 
Por tanto, con ideas tan equivocadas no apostaría a la baja de la inflación como medida reactivante, según pregona el ministro de producción quiénremarca que hay que sumarle un aumento del consumo como consecuencia de un poder adquisitivo mejorado por “los cambios en Ganancias y la reparación a los jubilados”. Ahora, ambas cosas están por verse y, en cualquier caso, será poco lo que se vea. A lo que habría que agregarle, dice el ministro, la obra pública y el campo. Y con todo esto “en 2017 creceremos 4%”. Cuesta evitar la risa.
 
Por cierto, pretenden bajar la inflación -que naturalmente no baja-a los sopapos y, entre las medidas que preparan para 2017, figura un decreto para que desde el próximo enero los comercios exhiban los precios al contado y los financiados, de los productos.Es que la cosa viene mal. La facturación en supermercados y shoppings se ubicó entre 13 y 23 puntos por debajo de la inflación entre enero y octubre de 2016, según el INDEC, mientras que en los electrodomésticos la diferencia hacia abajo fue del 25%. Y la tendencia continúa.
 
En cuanto a la obra pública, hay que decir que es recesiva desde que se realiza con recursos que coactivamente se retiran del mercado eficiente para ser utilizados por el Estado ineficiente. A ver, es así de simple -así de coherente- desde que el Estado no se maneja con criterios de eficiencia económica sino políticos es imposible que sus empresas sean eficientes.         
 
Por eso cuando me dicen que Isela era una gran ejecutiva me causa mucha gracia: difícilmente una gran ejecutiva pueda desconocer que es imposible transformar en eficiente una empresa estatal que no tiene los incentivos naturales de una empresa (la competencia y la posibilidad de quebrar) y sí altísimos condicionamientos políticos. Un buen empresario, un ejecutivo serio, jamás intentaría hacer eficiente algo que de suyo es ineficiente.
 
Pero esta actividad tan negativa como es la obra pública es buena parte de la construcción que se lleva el 60% de la inversión en el país que llega solo al 16% del PIB -inferior a la de Brasil, Chile, Colombia, México y Perú- mientras que 11% va a la renovación de equipo de transporte de modo que sólo el 30% restante se dirigiría a bienes de capital que podrían sí impactar en el crecimiento real del país. Muy poco.
 
En cuanto al campo, la tímida eliminación de las retenciones -ya que a la soja representaba el 70% y el impuesto solo le bajó de 35 a 30%- aun cuando los costos aumentaron mucho, provocó que las ventas de máquinas agrícolas treparon 148% en el tercer trimestre respecto a 2015. Habrá récord en trigo y una cosecha de granos de 125 millones de toneladas, casi 13 millones más en volumen y US$2.800 millones extras en exportaciones, en tanto que se invirtieron US$58.000 millones en producir.
 
Si esta tímida baja impositiva provocó esto, imaginen cuanto crecería el país con una baja importante de la presión fiscal y una fuerte desregulación de modo de liberar la capacidad creativa. Por ahora, es muy poco y no alcanza para reactivar realmente al país.
 

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