Sobre feriados y ¨días de las memorias¨ varios
Gabriel Boragina



Siempre he tratado de eludir el tema que voy a abordar, porque -en el fondo- invariablemente me pareció una cuestión trivial. Pero, al comprobar con el tiempo que la mayoría de mis congéneres no lo considera así, creo que será oportuno que diga algo al respecto, aunque no sea mucho.
Hablaremos pues de los feriados. Pero antes, y para mejor orden, veamos que significa la palabra feriado yendo al diccionario de la Real Academia Española:
 
día feriado. 1. m. día festivo, especialmente el que no cae en domingo.
Vayamos ahora entonces a la definición de festivo:
 
festivo, va
Del lat. festivus.
1. adj. Perteneciente o relativo a la fiesta.
2. adj. Dicho de un período de tiempo: Señalado oficialmente para el descanso por celebrarse una fiesta solemne, por oposición a laborable. Apl. a un día, u. t. c. s. m.
3. adj. Alegre, divertido y gozoso.
4. adj. Chistoso, agudo o gracioso.
 
Por mi parte, -y a los solos efectos de este análisis- divido los feriados en feriados estatales (nacionales, provinciales, municipales, etc.) y privados (ninguno de los anteriores). La mayoría de las personas sólo conoce y acepta como "verdaderos" feriados los primeros, e ignora los segundos.

Nunca he creído en los llamados feriados nacionales, y persistentemente me parecieron infantiles y poco consistentes todos los trillados "argumentos" mediante los cuales se ha pretendido y se pretende "justificarlos".

Los feriados nacionales no son otra cosa que feriados estatales, fechas impuestas en el calendario alguna vez por alguna autoridad sin el consentimiento expreso, claro y contundente de cada uno de los ciudadanos a los que luego se los obliga a observar tales festividades. En realidad, este tipo de feriados carecieron de toda entidad y significación personal.

Pero ¿en qué consisten realmente estas supuestas festividades?

La inmensa mayoría de los feriados estatales argentinos conmemoran hechos militares, (guerras, golpes, rendiciones, invasiones, derrotas, victorias, etc.) los que -según el bando que se adopte entre los contendientes- tendrán el sabor amargo de la derrota o el más dulce de la victoria. 
¿Realmente tienen estas fechas el carácter "Alegre, divertido y gozoso" que corresponde al vocablo festivo (nuestro equivalente a feriado)? Contesto que no, y que -además- me parece bastante enfermizo "celebrar" tales calamidades, porque realmente considero que todo hecho de violencia es una auténtica tragedia, no algo "festivo".

Constantemente he creído que los días feriados deberían ser efectivamente festivos (recordemos las acepciones 1. adj. Perteneciente o relativo a la fiesta. 3. adj. Alegre, divertido y gozoso. 4. adj. Chistoso, agudo o gracioso, de la definición del vocablo). Y -por tanto- que no se compadece con dicho espíritu el rememorar sucesos militares, o civiles en el que hayan intervenido militares. ¿Que podría tener de festivo un hecho bélico, o cualquier acto de fuerza o de violencia? Posiblemente, para alguna mente morbosa si tengan hechos tales ese carácter: 3. adj. Alegre, divertido y gozoso. 4. adj. Chistoso, agudo o gracioso. Por mi parte, no lo entiendo. Y sin embargo, los argentinos (supongo que igual que en otras partes del mundo) celebran este tipo de cosas. Me sigo preguntando ¿hay algo que valga la pena "celebrar"? Pues estas no son fechas festivas, sino que son fechas para olvidar (al menos por parte de las mentes sanas). Otra pregunta que me hago es: ¿a que ayudan a construir los feriados nacionales? Mi respuesta -luego de mucho meditar- es: a nada.

En cambio, creo que esas fechas recordatorias, sobre todo si se refieren a sucesos acontecidos en el pasado reciente- solo sirven para avivar odios y rencores entre los partidarios de los bandos opuestos.

Caso típico es la nefasta evocación en Argentina de cada 24 de marzo recordando un golpe de estado. Desde su instauración como feriado nacional, la fecha solo ha servido para reavivar heridas entre partidarios y adversarios de los dos bandos en pugna de entonces: militares y subversivos. Cada bando tratando de torcer la historia para su propio lado, desfigurando todas las veces que se presenta la fecha en ocasión hechos históricos, roles, móviles, objetivos, causas, efectos y todo lo que se pueda tergiversar de aquella etapa historia. Generando un torbellino de discusiones inútiles, obtusas y aburridas que se repiten invariablemente en el mismo sentido, el mismo tono airado, y el mismo tenor, año tras año cada día 24 de marzo.

Los miembros (o simpatizantes) de un bando se esfuerzan por convencer a los partidarios del contrario de la razón de la lucha desde su propio punto de vista. Se habla de "memoria completa". Cuando todo esto es inservible. Los miembros de bandos antagónicos no están dispuestos a conceder ninguna porción de razón a los del bando antagonista. La recordación, cada vez que se presenta, revive los odios y las antiguas adversidades. Cada año es la misma historia.
También está el aspecto económico: la multiplicidad de feriados, además de no tener razón de ser para mí, entorpecen la productividad económica, son un aliciente a la irresponsabilidad laboral y al ocio inducido sin motivo válido.

Quiero aclarar que respeto mucho a los memoriosos y nacionalistas, quienes de buena fe son muy, pero muy afectos a "festejar" feriados patrios y demás. Sólo que aclaro que no me alisto entre ellos, y que mi crítica no se dirige a las personas que -de buena fe y en su propio circulo social- celebran estas fechas. Mi diatriba se orienta hacia el decreto de fechas oficiales, estatales, gubernamentales, etc.

Sostengo que es tiempo de liberarnos del pasado y empezar a construir la Argentina del futuro. No hay mayor falacia que aquella que dice que los pueblos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo. Porque -contrariamente también se puede argumentar que- recordarlo tendenciosamente cada año es una forma de repetirlo o de inducir a revivirlo. Y esta forma de resurgirlo -aunque por ahora sea en los discursos y en la memoria- es una forma de reavivarlo, reencender odios y pasiones que hace tiempo deberían estar sepultados, y que impiden mirar hacia adelante y empezar a construir una genuina nación.

No estoy en contra a que cada persona, cada familia o cada grupo privadamente celebre estas y todas las fechas que se deseen. Pueblos y naciones que gusten vivir del pasado, o en nombre del respeto a sus tradiciones rememorarlas, deberían estar en plena libertad de hacerlo, pero, en el ámbito estrictamente privado o social civil. El estado-nación no debería de cumplir ni arrogarse ningún papel rector al respecto.

En cambio, me parece insano institucionalizar fechas recordativas, obligando a la sociedad toda a observarlas.

Establecer feriados obligatorios a nivel nacional y constreñir el aparato estatal a tolerar sus discursos oficiales, material de propaganda, y demás elementos que la corrección política del momento dicte a los gobernantes de turno, es desde mi propio punto de vista inmoral.

 

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