El mercado puede salvar a la educación pública
Jeremías Morlandi

Economía (UBA). Asesor financiero. Responsabilidad Social Empresaria en RM Holding Funds.



Llegada esta época del año, y como ya es recurrente en Argentina, todas las familias están en vilo sobre qué pasará con las paritarias docentes y si las clases, finalmente, comenzarán o no. Estas paritarias no son las más importantes del país ante el ojo público, pero son claves al observar el largo plazo. Cada día de clase que se pierde, es una oportunidad perdida. Con esta lógica, podemos decir que en 2016 hubo demasiadas oportunidades perdidas. En 2016, Santa Cruz encabeza el desafortunado ranking de cantidad de días perdidos de clase, con 90 días. Le sigue Tierra del Fuego con 60 días, mientras que en Catamarca, se perdieron aproximadamente 28 días y en Neuquén 28. Quizás este sea el motivo que llevó a 433.549 alumnos a cambiar la educación pública por la privada entre 2003 y 2015, según un estudio de la Universidad de Belgrano.
 
Tenemos un sistema que genera insatisfacción en la sociedad en general y en los docentes, por los malos salarios, y en las familias, por la calidad de la enseñanza, en particular. Un sistema que nos llevó del puesto del 37 en el ranking de 2000, el primer PISA, al 59 en 2012, con elevadas tasas de repitencia y deserción, así como también un alto nivel de burocracia aportada por el Estado y el sindicalismo, actores que poco se preocupan por mejorar la situación y solo abordan el tema de los salarios una vez al año. Sin embargo, estamos a tiempo de revertir la situación. Hay casos de éxito que demuestran que hay alternativas al sistema actual. En varios países, como Suecia, Singapur, Corea del Sur y en algunos estados de Estados Unidos, ya aplican el sistema voucher. Los resultados no son menores: los tres primeros están en los puestos más altos del ranking de las pruebas PISA.
 
En el sistema tradicional, como el que tiene Argentina, el gobierno le envía recursos a las escuelas, subsidiando a la oferta. Les asigna un presupuesto para cubrir los gastos del personal y mantenimiento. El sistema “voucher” o de cheque educativo, se basa en la gratuidad de la educación pero direcciona el subsidio hacia la demanda. Es decir, los flujos de dinero ya no corren hacia las escuelas, sino hacia las familias, para que ellos decidan a qué escuela enviar a sus hijos, ya sea pública o privada. Las escuelas cobrarían una cuota que se abonaría con un cheque entregado por el gobierno. Ese cheque es un documento que solo sirve para pagar dicha cuota, no puede intercambiarse por dinero para comprar ningún otro bien. Cabe añadir, que las escuelas que se anoten para participar de este sistema no podrían cobrar cuota adicional por sobre el voucher. Este sistema termina con un proceso de degradación de las instituciones subsidiadas que se vuelven dependientes del gobierno y pierden toda voluntad de iniciativa propia. Las escuelas pueden seguir siendo públicas, sin fines de lucro o pueden ser compradas o instaladas por empresas privadas que busquen obtener una ganancia de ellas. Además, vuelve a las instituciones administradoras de sus ingresos. Con lo cual, son ellas, ya sea a través de juntas de maestros o de un directorio, las que deciden si incorporan o despiden personal, como distribuir los ingresos y cuánto destinaran a sueldos, a mejorar infraestructura, etc.
 
 
Este sistema tiene varios ítems que son revolucionarios. En primer lugar, se da autonomía a los colegios para que determinen sus planes de estudio y los modifiquen sin pedir autorización a ningún organismo del Gobierno. Con lo cual, habrá escuelas que se especialicen en Artes, otras en Ciencias y otras que serán completamente bilingües. En segundo lugar, incorpora la lógica del mercado en el ámbito de la educación. Este punto no es menor, ya que entra en escena la competencia y esta, a su vez, trae aparejada mejoras en el servicio brindado, como en cualquier área de la economía. Mientras mejor educación brinde una institución, mejores profesores contrate y mejor rendimiento tengan sus alumnos; más familias la elegirán colocar a sus hijos, y a su dinero, en dicha escuela. Con un agregado: siguiendo este lineamiento las escuelas serían las primeras interesadas en terminar con la deserción escolar, algo que no es nada despreciable en un país donde en el año 2010, por ejemplo, el organismo oficial informó que desertaron 427.111 adolescentes.
 
El sistema voucher crearía un masivo sistema educativo de mercado que produciría mejores beneficios. Asimismo, incrementaría la diversidad en las escuelas e igualaría oportunidades. Las familias de clase media y alta ya pueden elegir a qué escuelas van sus hijos. Este sistema asegura que las familias de bajos recursos también puedan hacerlo sin tener que conformarse con las escuelas públicas que haya disponibles en su barrio o las que el gobierno se digne a asignarles. Probablemente no sea un sistema libre de falencias, o cosas por apuntalar, pero es una manera innovadora de encarar el problema de la educación pública en Argentina, de la administración de 131 mil millones de pesos de presupuesto y más de 10 millones de alumnos. Es vital cambiar el rumbo de las políticas públicas en materia de educación para estar preparados para los desafíos del futuro y poder finalmente embarcarnos en el sendero del crecimiento
 
 

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