¿Qué era el liberalismo tan odiado por las elites?
Ricardo Valenzuela


La estructura del liberalismo emergía de los movimientos “liberales clásicos” que se iniciaran en los siglos 17 y 18, con el estallido de la Revolución Inglesa de 1688 para derrocar a James II, produciendo la Declaración de Derechos con la cual se restringía el poder absoluto del Rey. Ello sería el detonante de la Revolución Industrial que llegara para liberar la actividad económica de las asfixiantes restricciones del Estado. Sería una poderosa fuerza en contra de lo que se llegó a conocer como el “Viejo Orden”, esquema dominante de todas las sociedades del mundo durante siglos. Este arreglo había impuesto un Estado central representado por El Rey, que gobernaba sin controles por “mandato divino”, una red de monopolios feudales de las tierras, y gremios urbanos de dóciles trabajadores. El resultado fue una Europa raquítica expirando bajo esa cruel mafia de controles, impuestos, monopolios favorecidos para producir y vender, los que el gobierno central concesionaba a sus favoritos.
 
Esta alianza del burocrático, pugilístico Estado Divino con sus “empresarios” favorecidos, sería bautizada por los historiadores como mercantilismo, y sumando a los señores feudales acaparando la tierra, se constituía el “Viejo Orden”, contra el cual, los liberales clásicos se rebelaran durante los siguientes dos siglos, para convertirse en la peor pesadilla de monárquicos, nobles, religiosos y estatistas.
 
El objetivo de la lucha de esos liberales era claro, lograr la libertad individual en todos aspectos. En la economía, en aspectos impositivos que deberían ser drásticamente reducidos, controles y regulaciones deberían de ser eliminados, la energía humana, el espíritu emprendedor y los mercados, deberían de ser libres para crear y producir en intercambios que beneficiaran a los consumidores. Los emprendedores deberían ser libres para crear, desarrollar y competir. Las viejas cadenas aprisionando tierra, trabajo y capital, deberían de romperse. Libertad personal y libertad civil, deberían de garantizarse contra la depredación y la tiranía del Rey y sus favoritos. La religión, fuente de tantos sangrientos conflictos, debería liberarse del Estado para que todas las religiones pudieran vivir en paz.
 
La política en relaciones internacionales, debería eliminar el viejo credo del Estado Imperial invadiendo y conquistando, y remplazarse por una política de paz y libre comercio con todas las naciones. Como la guerra es engendrada por ejércitos belicosos, deberían ser remplazados por milicias locales voluntarias, formadas de ciudadanos que solo estarían dispuestos a pelear en defensa de sus hogares y los de sus vecinos.  Además de la separación de Iglesia y Estado, debería haber separación de economía y el Estado, separación de la libre expresión y la prensa del Estado, separación de la tierra y el Estado, separación de la guerra del Estado, en pocas palabras, la separación del Estado de literalmente todo que no fuera su obligación de proteger la nación. 
 
Haría luego su aparición John Locke para establecer los derechos naturales de cada ciudadano hacia su vida, su libertad y su propiedad. Y definía el propósito y única función del gobierno debería ser proteger y defender esos derechos.
 
En las palabras Lockeanas que inspiraran la Declaración de Independencia de EU: “Y para asegurar esos derechos, el gobierno es instituido entre los hombres derivando sus justos poderes del consenso de sus gobernados. Pero cuando cualquier forma de gobierno se torne destructiva de esos principios, es el derecho de la gente de cambiarlo o abolirlo. El ser humano está dispuesto a sufrir cuando lo diabólico es sufrible, y por eso no ejerce su derecho de abolir esas formas a las cuales fue acostumbrado. Pero cuando un largo proceso de abusos lo encamina al despotismo absoluto, es su derecho, es su deber supremo, derrocar ese gobierno y establecer controles para el futuro”.
 
El viejo establishment ante las credenciales con las que arribaba el liberalismo, entraban en pánico y surgía la urgencia de organizar el contraataque. Ellos pronto identificarían el problema más importante; sociedades de mentes libres como lo era la nueva sociedad americana. Sociedades rebeldes amantes de la libertad. Inteligentemente entendieron que esa clase de sociedades era prácticamente imposible de controlar, y debían modificar sus estrategias. Ya no debían rechazar la prosperidad general que generaba la Revolución Industrial, y el visible progreso en el nivel de vida de las masas. Necesitaban cambios que los acercaran a la gente y nacía la demagogia moderna. Su nuevo mensaje sería:
 
“Nosotros también favorecemos el desarrollo económico generalizado y la mejora del nivel de vida de las masas. Pero, para lograrlo, debemos regular la economía para el beneficio de todos; debemos de sustituir el cruel mercado libre con una cooperación planeada, coordinada y controlada por el gobierno; debemos sustituir la vergonzosa paz y el libre comercio, por una nación sin miedo a la confrontación, necesitamos el proteccionismo de nuestros mercados, estado imperial y un gran poder militar. Pero para lograr todos estos objetivos beneficiosos para la sociedad, necesitamos un gobierno hercúleo y poderoso”.
 
Emergía la nueva derecha ahora con ropajes compasivos, pero con cambio de beneficiarios. Ya no serían los nobles, señores feudales, el ejército, la burocracia y los negociantes favorecidos del rey. Ahora serían los políticos, los monopolistas, la nueva burocracia, el ejército, y los “born again” empresarios en sociedad con los políticos. Debían de convencer a las masas que tiranía era mejor que libertad, carteles del feudalismo industrial privilegiado, era mejor que la libertad para  elegir de los consumidores en un mercado libre, que carteles de monopolios eran necesarios en nombre del antimonopolio, la guerra y ejércitos beligerantes de las elites, era para el beneficio de los conscriptos y el pueblo indefenso, a merced de tantos depredadores internacionales.
 
Pero ¿Cómo se podría lograr su perverso plan?
 
En las sociedades la opinión pública es cincelada por las clases intelectuales, son los escultores de la opinión social. La gente no crea ni disemina ideas ni conceptos, ellos tienden a la adopción de esas ideas promulgadas por las clases intelectuales, son los mercaderes profesionales de ideas. Para los déspotas que controlan los Estados, ha sido más grande su necesidad por los servicios de esos mercaderes de las ideas, que tener ciudadanos pacíficos y productivos en sociedades libres. Los gobiernos siempre han requerido de intelectuales moldeadores de opinión, para engañar a la población y convencerlos de lo sabio y necesario que es ese gobierno.
 
Para establecer el nuevo orden estatista, los neo mercantilistas debían de forjar una alianza entre intelectuales y el Estado para controlar la educación, y hacia allá se dirigían a finales del siglo 19, en el cual, los EU tendrían su último presidente libertario; Grover Cleveland (1893-1897).
 
 

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