La República Bolivariana de Santa Cruz
Carlos Mira
Periodista. Abogado. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Si alguien tiene alguna duda de que el país se hubiera convertido en lo que hoy es Venezuela si la banda de delincuentes que comandaban los Kirchner hubieran seguido a cargo del país, no tiene más que mirar lo que ocurre en Santa Cruz, el embrión original donde ese conjunto de inescrupulosos comenzó a experimentar lo que luego trasladaría a la Nación.
 
Allí, en la provincia gobernada por ese apellido lleno de ignominia, no hay clases, la gente no cobra su sueldo, miles de almas salen a la calle a reclamar contra “la dictadura de los K” (a la que le auguran con sus cánticos un pronto final), los servicios de salud no están garantizados, faltan elementos mínimos de confort, un porcentaje alarmante de su población –apenas superior a las 300000 personas- trabaja en el Estado (con lo cual está presa de las arbitrariedades de la familia reinante), y teniendo una inmensidad de recursos naturales (igual que Venezuela) está sumida en una miseria atroz, gris, mediocre, en donde los hijos de los santacruceños no tienen futuro y donde la vida depende de las dádivas que la Nación otorga a expensas de otras provincias.
La gobernadora utiliza la misma táctica chavista que consiste en culpar a la oposición cipaya y contraria al “proyecto nacional y popular” de generar los incidentes, los reclamos y la desestabilización de su gobierno. Dice que Macri quiere su cabeza como trofeo electoral.
A los docentes les ofreció el 3% de aumento, unos $500 en promedio, cuando en la provincia de Buenos Aires, su aliado, el kirchnerista Baradel, dejó a los chicos sin clases, extorsionando a la gobernadora Vidal con la guasada del 35% de incremento.
Muchos sospechan incluso que muchos de los ingentes recursos que el gobierno nacional destina a Santa Cruz para que la provincia no se caiga a pedazos son desviados hacia las estructuras kirchneristas de la provincia de Buenos Aires para financiar el proyecto político de la cuñada de la gobernadora, la ex presidente Cristina Fernández.
La proscripción –material elemental en la república bolivariana- lleva el nombre de ley de lemas en Santa cruz. Mediante ese ardid el candidato más votado para Gobernador en las últimas elecciones, Eduardo Costa de Cambiemos, no puedo asumir y su lugar fue ocupado por la siguiente en la línea dinástica de los Kirchner, Alicia.
Como si viviera en alguna especie de nube de Valencia la gobernadora tiene el tupé de decir que la provincia está “quebrada” como si semejante realidad no fuera imputable al manejo populista que desde hace 25 años directa o indirectamente lleva adelante su apellido.
Entre 2005 y 2015 el empleo público provincial creció un 55%, con lo cual, hoy, uno de cada diez habitantes de toda la provincia trabaja para el Estado; eso implica que 120000 personas de las 300000 que viven allí dependen directamente del cheque que firman los Kirchner.
Durante 2016 el gobierno federal envió casi 10 mil millones de pesos a Santa Cruz pero la gobernadora no ha hecho un solo  movimiento en el sentido de reformar las políticas públicas chavistas que llevaron a la provincia al agujero que se encuentra.
Ahora se ha agregado el componente violento, también característico de la república bolivariana. Manifestaciones completamente espontáneas intentaron franquear la casa de la gobernadora cuando en ella se encontraban su cuñada Cristina y la nieta de ésta.
La policía provincial que responde al gobierno de los Kirchner reprimió la presencia de esas personas causando cuatro heridos y lo único que falta ahora es que bandas de parapoliciales en moto financiados con el dinero de los Kirchner salgan a dispararle a la gente por la calle.
Como Maduro, Cristina Elisabeth salió a denunciar un ataque planificado, acusando a los medios, a los periodistas, a la oposición provincial, a Eduardo Costa, a Daniel Malnatti y, por supuesto, a Macri.
No hay que ser muy sagaz para darse cuenta que los paralelismos son obvios. Tan obvios como automáticos: el que aplica un conjunto de medidas de un determinado tipo sea en Venezuela, en Argentina o en Groenlandia obtiene los mismos resultados.
Como el chavismo el kirchnerismo practicó el populismo radical, la división de la sociedad, el nacionalismo aislacionista, la verborragia demagógica, el resentimiento social, la propagación de la envidia y del odio, el despilfarro de los recursos públicos, el saqueo de los recursos naturales no renovables y el robo de los dineros del tesoro a favor de una casta privilegiada integrada por ellos mismos.
Frente a la debacle generalizada (que ahora su provincia -aun en sus manos- sigue mostrando de manera grotesca) siguen insistiendo con su discurso lleno de furia, de rabia, de odio y de desunión. Siguen echando nafta al fuego de la discordia, de la ira y no hacen otra cosa que operar en las sombras para obturar cualquier forma de triunfo -no electoral, sino práctico- del gobierno de Macri.
Como Chávez y Maduro son una lacra; gente que no sabe distinguirse sino por el designio del mal y de la mala entraña; gente que no sabe otra cosa que hacer el mal para buscar un bien que solo recauden ellos.

 

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