Venezuela: otra víctima del Socialismo
Javier Milei
Es economista y coordinador de la Mesa de Economía de la Fundación Acordar.


Venezuela: otra víctima del Socialismo
Resulta sorprendente que aún haya personas que se asombren por el desastre económico y social por el cual atraviesa Venezuela fruto de la instauración del Socialismo.
¿Acaso no es suficiente haber comparado el desempeño de las dos Alemanias, Corea del Sur y del Norte, Puerto Rico y Cuba, Austria y Hungría o Hong Kong y China? ¿No es suficiente motivo para desterrar dicha idea que los países más libres más que duplican la tasa de crecimiento, son nueve veces más ricos, el decil más bajo de la distribución gana once veces más, hay casi veinte veces menos de pobres y la expectativa de vida supera en quince años a la de los países más reprimidos? ¿No es suficiente que su implementación haya costado más de 100 millones de vidas humanas?
Esto es, el Socialismo, independientemente de las personas y donde se lo haya instalado ha sido un fracaso en lo económico, en lo social y en lo cultural. Es más, los admirados países nórdicos en los finales de los 80 quebraron y para resurgir en los 90 debieron aplicar reformas pro-mercado que hoy los pone a la vanguardia de la libertad económica.
Desde una perspectiva liberal, definimos el socialismo como aquel sistema de agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial. Por agresión o coacción hemos de entender toda violencia física o amenaza de este tipo que se inicia y ejerce sobre el actor por otro ser humano o grupo de seres humanos. Bajo esta coacción, la persona, que de otra forma habría ejercido libremente su función empresarial, para evitar daños mayores, se ve forzada a adecuar sus acciones a los fines de aquellos que lo coaccionan. De este modo, podemos considerar esta agresión, como la acción antihumana por excelencia.
Por otra parte, la función empresarial consiste en la capacidad típicamente humana para darse cuenta de cuáles son las oportunidades de ganancia que existen al emprender una determinada acción de mercado (que puede ser de índole comercial o no). Así, todo acto empresarial crea, genera y transmite nueva información de naturaleza tácita, dispersa, práctica y subjetiva, y hace que aquellos actores implicados tiendan a ajustar o disciplinar su actuar en función de las necesidades y circunstancias que favorezcan tanto a él mismo como a su prójimo, creando a su vez espontánea e inconscientemente nueva información. A su vez, frente a la existencia de desequilibrios, ello impulsará un proceso de ajuste que permita alcanzar el máximo bienestar dados los recursos existentes.
Bajo este marco analítico, la imposibilidad de éxito del Socialismo recae en dos tipos de argumentos. Por un lado están las de índole estáticas, donde, no sólo se trata de que el volumen agregado de información práctica sentida y manejada de forma dispersa por todos los seres humanos a nivel individual sea de tal magnitud que no quepa concebir su consciente adquisición por parte del órgano director, sino que, por sobre todo, dicho volumen se encuentra disperso en la mente de todos los hombres en forma de conocimiento tácito, el cual, al no ser articulable, no puede ser expresado de manera formal ni explícitamente transmitido a ningún órgano director.
Por otra parte, en cuanto a los argumentos dinámicos, conforme transcurre el tiempo, aquellos que ejercen la función empresarial en interacción con sus congéneres, van constantemente dándose cuenta de nuevas oportunidades de ganancia que tratan de aprovechar. Como consecuencia, la información que tiene cada uno de ellos va modificándose constantemente. Así, resulta por demás evidente que será imposible que el órgano director se haga con la información necesaria para coordinar mediante mandatos la sociedad, ya que la misma va continuamente modificándose y generándose conforme se ejerce en el tiempo la función empresarial. Por lo tanto, es imposible transmitir al órgano director una información (imprescindible para coordinar la sociedad en cada momento) que aún no ha sido creada, y que además jamás se generará si tal proceso se ve institucionalmente coaccionado.
De este modo, cuando la coacción se ejerce de modo continuado y efectivo, imposibilitará la libre persecución de fines individuales, por lo que éstos no actuarán como incentivo y no podrá descubrirse o generarse empresarialmente la información necesaria para coordinar la sociedad. Así, el órgano director se encuentra ante un dilema, ya que necesita la información que va generando el proceso social pero que de ningún modo conseguirá. Si interviene el proceso destruye la capacidad creadora de información, y si no lo interviene, tampoco obtiene información alguna.
Por lo tanto, podemos concluir que, desde la óptica del proceso social, el socialismo es un error intelectual (en el cual un conjunto de individuos que se consideran iluminados quieren imponer sus ideas al resto de la sociedad), pues no es posible concebir que el órgano director encargado de intervenir mediante mandatos coactivos pueda hacerse con la información necesaria para coordinar a toda la sociedad, por lo cual, el Socialismo siempre deriva en una catástrofe económica. A su vez, frente al fracaso, el órgano director suele redoblar las acciones represivas, lo que a la postre siempre termina en un desastre social.
 
Publicada en El Cronista.
 

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