La guerra contra la pobreza: ¿Dónde está el plan militar?
Diana Ferraro
Escritora


La pobreza en la Argentina existe sólo por la enorme desorganización del país, por la haraganería en pensar en cómo solucionar los problemas, y por la escasa voluntad de ejecutar con eficiencia.
 
El tema del aumento de pobres en las últimas décadas aparece en forma muy insistente tanto en los discursos de campaña como en los periódicos, radio, televisión, y, en menor medida, en las redes sociales. Sin embargo, más allá de adjudicar los pobres a una política económica u a otra, aún intentando diferenciar la complejidad del tema, poco se habla o se dice de cómo comenzar a solucionar el problema.
 
El nuevo gobierno, del mismo modo que los anteriores, debe hacerse cargo de un territorio con aproximadamente 13 millones de pobres, es decir gente en condiciones de vida muy precarias, muchas veces sin una vivienda mínimamente digna, sin trabajo, sin educación y sin servicios de higiene o salud. Las soluciones que han aparecido son los planes sociales, dinero entregado directamente a esas personas, o la promesa de que las condiciones mejorarán cuando la economía crezca, haya más trabajos, etc. etc. Las opiniones y promesas, ya todos las conocemos.  Lo que no vemos, frente a un problema de esta magnitud es la voluntad de encararlo como un todo con una planificación adecuada que en unos pocos meses elimine lo endémico de la situación e invente rápidamente una solución primaria que vaya retroalimentándose hasta terminar con el problema y contar con 13 millones de personas más sanas, medianamente educadas y con un oficio o profesión. Si se trata de una guerra, como tantas veces se dice desde el Gobierno y la oposición, ¿no haría falta entonces un plan militar a ser ejecutado sobre el territorio que ocupa esa población? Es decir un plan semejante al que un ejército de ocupación eficiente organizaría en un territorio amigo devastado al cual se quiere ver progresar. Digamos, Alemania o Japón después de la Segunda Guerra Mundial.
 
Sí, la urbanización de las villas es el primer paso correcto, la creación de más redes de agua y cloacas que aquí y allá acompañan el proceso, también. Pero hace falta mucho más: enmarcar estas buenas políticas parciales dentro de un plan más general.
 
Cuando se piensa que si la economía mejora, la pobreza disminuirá no se piensa bien, ya que se omite todo lo endémico de esta pobreza y aquello  que en primer lugar llevó a esta situación:  la desatención básica original de algunos grupos de personas, a los que se fueron sumando inmigrantes de países vecinos, creando así una inmensa masa de desatendidos que no ha dejado de multiplicarse en el tiempo. ¿Cómo procedería un plan militar para crear orden y seguro progreso al servicio de estas masas, por un lado, y al servicio secundario del resto de la población que no tiene por qué padecer las consecuencias de esta masa abandonada a sí misma(salvo por la limosna de los planes) y sin organización? En primer lugar, a organizarla territorialmente, lo cual supone un plan descentralizado con unidades que funcionen independientemente de un plan nacional inspirador pero no ejecutor.
 
Las reformas necesarias para poder llevar a cabo este plan son las siguientes:
 
1) Reforma tributaria federal, de forma que los recursos no sean administrados a nivel nacional—excepto aquellos que sean necesarios para asegurar la administración específicamente nacional—y con la cesión equitativa de recaudación e impuestos y capacidad de endeudamiento en los niveles provincial, municipal y—una novedad—las unidades de rescate.
 
2) Creación de las unidades de rescate, financiadas primariamente con préstamos nacionales o internacionales a escala provincial o municipal. Cada unidad de rescate es una entidad autosuficiente y cooperativa en la cual los participantes serán los encargados de la construcción de viviendas, gestión de comedores, y diversas tareas de mantenimiento y uso dentro del predio o territorio asignado, y obligados—todos—a asistir a una escuela de formación básica en distintos niveles para niños, adolescentes y adultos y a cursos breves de higiene y salud a impartirse en la obligatoria sala de primeros auxilios de cada unidad. Las unidades de rescate pueden funcionar dentro de barrios ya existentes que serán demarcados territorialmente para fijar tanto la unidad como los residentes que pertenecen a ella y las tareas que deben ejecutar.
 
3) Registro nacional, provincial y municipal de personas en la pobreza de modo de establecer el lugar y población de las unidades de rescate.
 
4) Eliminación de los subsidios y planes nacionales, provinciales y municipales, y creación de la tarjeta Pertenecer, a través de la cual cobrarán un sueldo por el trabajo realizado en la unidad, y--esto seguiría como en la actualidad--la asignación universal por hijo.
 
5) Creación de una primera línea de créditos en el Banco Nación alimentada en primera instancia con el dinero que actualmente se deriva a los subsidios. Estas líneas de crédito serán alimentadas inmediatamente después con el ahorro y recursos productivos de las unidades de rescate, con los impuestos de las personas y actividades y negocios  agregados a la economía general, con gestión de financiación genuina en la banca privada, nacional o internacional, etc.
 
6) Reforma laboral y sindical que permita que, lo que los afiliados a los sindicatos puedan perder por leyes más flexibles, puedan ganarlo a través de la cooperativización sindical de los seguros de desempleo y una economía más libre no sujeta a abusos laborales y, por lo tanto, más móvil y creadora de empleos.
 
7) Facilitar la colaboración entre las unidades de rescate y los sindicatos de modo que éstos puedan ofrecer formación profesional y primera inserción laboral con certificación formativa.
 
8) Alentar a las cámaras de comercio e industria a crear planes de formación para oficios en desuso que puedan ser rehabilitados como valor agregado (p.ej. bordadoras para industria textil y de la moda; carpintería fina, etc.) y a colaborar en general en la dignificación de todas las artes y oficios, en particular los de alta demanda, como los servicios de enfermería, cuidado de niños y adultos mayores, etc.
 
9) Alentar a las cámaras profesionales a crear sistemas de promoción y becas para aquellos jóvenes de las unidades de rescate que demuestren cualidades sobresalientes para el estudio.
 
10) Desalentar la inmigración desde los países vecinos hasta que nuestra economía pueda absorberlos, y compartiendo este plan y técnicas de ejecución con esos países de modo que ellos puedan absorber esos mismos potenciales inmigrantes.
 
Como todos los planes eficientes, el plan nacional de creación de centenares de unidades de rescate en el todo el país, requiere un comienzo fácil de ejecutar y sin demasiado costo, al cual puedan ir agregándosele armónicamente las diferentes capas de pertenencia, cuidado, formación y desarrollo:
 
1.    Registro de las personas que formarán parte de estas unidades y definición y ubicación territorial de estas unidades.
2.    Rápida ubicación o creación de las escuelas y centro de salud dentro de la unidad de rescate.
3.    Emisión y entrega de la tarjeta Pertenecer con la respectiva identificación y bancarización de la persona y firma del contrato con la unidad de rescate.
 
Este principio de organización pondría inmediatamente en marcha el plan que este gobierno podría llamar, como lo hacía en campaña, Pobreza Cero, integrando en modo simbólico a los 13 millones de pobres a un camino de progreso.
 
Conseguir las leyes para las reformas puede resultar un poco más arduo, pero no si las unidades de rescate se crean por decreto en los niveles provincial y territorial, donde se pueden obtener leyes locales que zanjen la posible lucha política en el Congreso Nacional. 
 
Aunque, claro, quien tenga la iniciativa y audacia para iniciar y liderar este plan, seguramente no carecerá de la habilidad política para encontrar los socios que, más tarde, también se beneficiarán con el progreso conseguido.
 
 

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