Los federales deberían centrarse menos en corregir a los inmigrantes y más en la ley
Abigail R. Hall y Michael Coon

Abigail R. Hall es Investigadora Asociada en el Instituto independiente y profesora asistente de economía en la University of Tampa. 

Michael Coon es un profesor asistente de economía en la University of Tampa.



“No estoy en contra de los inmigrantes, sino de los ilegales”

A medida que continúa el debate sobre la inmigración, esta es una expresión que suele oírse a menudo. Aquellos que apoyan la deportación masiva de inmigrantes ilegales lo hacen por lo general en nombre de preservar el Estado de Derecho. Los inmigrantes ilegales, sostienen, deberían ser deportados porque están eludiendo el proceso inmigratorio. Otros se encuentran esperando, así que los inmigrantes ilegales tan solo deberían “ponerse en la fila”.
La mayoría de los inmigrantes preferiría ingresar legalmente. Los inmigrantes legales tienen la posibilidad de viajar más fácilmente y encontrar mejores puestos de trabajo, y no precisan estar constantemente en guardia ante la aparición de los agentes de inmigración. ¿Entonces por qué unos 11 millones de trabajadores indocumentados han escogido venir a los Estados Unidos? Algunos dirían que simplemente no respetan las leyes estadounidenses. Sin embargo, la realidad es que el sistema de inmigración de los Estados Unidos está quebrado. La fila de la espera tiene una longitud de años, y a veces décadas. En otros escenarios, no hay fila alguna.
Considérese el caso de México, la mayor fuente de inmigrantes indocumentados hacia los Estados Unidos. El gobierno estadounidense puede emitir en el mejor de los casos unas 25.000 visas a mexicanos. Los solicitantes aprobados por encima de ese límite van a una lista de espera. Cerca de 1,3 millones de personas en México con solicitudes aprobadas se encuentran en la actualidad esperando visas. A este ritmo, insumirá más de 50 años despejar la fila actual—suponiendo que nuevas solicitudes no sean presentadas. En julio de 2017 el Departamento de Estado emitió tarjetas de residencia basadas en los lazos familiares a algunos inmigrantes mexicanos—cuya solicitud había sido aprobada en 1995. Así es: después de cumplir con todos los trámites pertinentes para venir aquí legalmente y obtener la aprobación, todavía tuvieron que esperar más de 20 años.
Esos tiempos de espera no son exclusivos de los mexicanos. En todo el mundo, más 4 millones de personas están esperando en la fila. Para un trabajador no calificado que carece de familiares aquí, no existe forma de mudarse a los Estados Unidos legalmente.
Con esto en mente, no debería sorprender que muchas personas decidan inmigrar ilegalmente. Si le dan a elegir entre inmigrar ilegalmente hoy o esperar 20 años para ver a su familia, usted probablemente consideraría seriamente lo primero.
Quienes se oponen a la inmigración ilegal deberían concentrarse en enmendar un sistema de inmigración que se encuentra roto — no en deportar a millones de personas.
Un primer paso es reformar los límites de visados por país. No sirven a ningún propósito que no sea el de crear una lista de espera absurdamente larga. Esto ayudaría a reducir significativamente las filas, eliminando así algunos de los incentivos para emigrar ilegalmente. Por desgracia, la Casa Blanca sólo aprobó un proyecto de ley que haría exactamente lo contrario.
En segundo lugar, es necesaria una senda migratoria para más trabajadores poco cualificados. Es difícil ponerse a esperar en una fila que no existe.
Finalmente, en vez de gastar decenas de miles de millones de dólares (billones en inglés) acorralando y deportando a aquellos que ya se encuentran aquí, dichos fondos podrían permanecer en los bolsillos de los contribuyentes. Esto no sólo reduciría los efectos devastadores de desgarrar a las familias, también permitiría a millones de personas salir de las sombras.
Deportar a los inmigrantes ilegales es librar la pelea equivocada. Los inmigrantes ilegales de hoy están aquí en busca de una vida mejor. Desean estar con sus familias. El problema con la inmigración actualmente no es que hordas de malvados extranjeros están ingresando a nuestro país porque carecen de todo respeto por la ley. El problema es que, por el contrario, nuestra ley hace casi imposible que la buena gente haga lo correcto.
No necesitamos corregir a las personas. Precisamos enmendar la ley.
Traducido por Gabriel Gasave

Abigail R. Hall es Investigadora Asociada en el Instituto independiente y profesora asistente de economía en la University of Tampa. 
Michael Coon es un profesor asistente de economía en la University of Tampa.
 

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