¿Y ahora qué?
Rogelio López Guillemain

Autor del libro "La rebelión de los mansos", entre otras obras. Médico Cirujano. Especialista en Cirugía Plástica. Especialista en Cirugía General. Jefe del servicio de Quirófano del Hospital Domingo Funes, Córdoba. Director del Centro de Formación de Cirugía del Domingo Funes (reconocido por CONEAU). Productor y conductor de "Sucesos de nuestra historia" por radio sucesos, Córdoba.



Terminaron las elecciones legislativas y el gobierno de Cambiemos tiene una nueva oportunidad para tomar medidas “poco simpáticas” pero inevitables, disposiciones necesarias para enderezar el rumbo del país.  La convocatoria a una mesa de diálogo por parte del presidente es una buena señal.
Durante la mayor parte del corriente año, la atención del gobierno nacional se ha centrado en dos cosas: el accionar de la justicia con respecto a los hechos de corrupción y la obra pública.
Lo primero tiene un costado judicial y otro político.  Lo judicial muestra una exasperante lentitud en los tiempos de resolución, hecho que considero debe revertirse y exigir (no sé cuál es la vía) mayor celeridad a los jueces; en el aspecto político es importante que el gobierno no coaccione al poder judicial, pero si debe revisar las deficiencias jurídicas que existiesen para posibilitar sentencias expeditivas y muy severas en caso de culpabilidad.
Con respecto a la obra pública, si bien es cierto que esta produce mayor grado de actividad económica, este dinamismo es pan para hoy y hambre para mañana.  El motor de la economía NO puede ser el estado, eso lo hemos probado durante los últimos 70 años y no funciona, es hora de darnos cuenta.
El atraso en la infraestructura del país, justifica esta inversión, pero esto no es la solución de fondo y se agota a corto tiempo, debemos ser conscientes de ello.
¿Cuáles considero deberían ser las prioridades del gobierno?
1° Recuperar la paz cotidiana: terminar con los piquetes, con las puertas giratorias en las comisarías y con todo el garantismo impuesto por la escuela de Zaffaroni.  Los argentinos que trabajamos y queremos circular por nuestro país y vivir en paz tenemos el DERECHO y debemos EXIGIR que se nos proteja.
2° Bajar los impuestos: la carga impositiva asfixiante y los altísimos costos laborales, no permite el desarrollo ni la inversión.  Pero estas medidas no deben aumentar el déficit fiscal; ¿y cómo se logra eso? Sólo hay un modo, bajando el gasto público.  Pensar en bajar el déficit fiscal por medio del aumento de la producción e inversión, es poner el carro delante del caballo; si la Argentina es cara, nadie va a poner un peso.
3° Desburocratizar: Hay que simplificar los trámites en la administración pública.  No puede ser que sea un calvario el instalar un negocio o cualquier otra gestión que se tenga que hacer en las oficinas del gobierno.
4° Educación: Entrar de lleno al siglo XXI.  Permitir a las instituciones ofrecer programas de educación secundaria y terciaria abiertos, donde se definan competencias, o sea las cosas que se saben hacer y no títulos.  Además, se debe recuperar los niveles de exigencia y reestablecer los premios y las sanciones, retomando el concepto de mérito.
Estos 4 puntos serían suficientes para mostrar un cambio de rumbo, pero debo decir que tengo mis dudas acerca de la convicción del actual gobierno a tomar este camino.  ¿Por qué dudo?
Porque escuché a la vicepresidente Michetti decir al finalizar la elección que “el conflicto existe en la sociedad, pero la política viene a superar el conflicto” y además afirmar que “los verdaderos héroes del cambio son todos esos ciudadanos que… poniendo lo colectivo por delante de lo individual…”
Estas frases que parecen inocentes y vacías lo son en cuanto al mensaje en sí, pero no lo son en cuanto a los conceptos filosóficos que encierran. 
La idea del conflicto social permanente, de la teoría del caos en la ciencias sociales, lleva a la creencia que DEBE existir ALGUIEN que ORDENE el caos; ese es el fundamento de los gobiernos intervencionistas que nos han regido por casi un siglo y que nos han llevado a la situación actual.
Con respecto a los héroes que sacrifican lo individual por sobre lo colectivo, sigue en la misma línea de pensamiento y aún peor.  Si lo colectivo va por delante de lo individual, el individuo, o sea la persona, debe sacrificarse por el llamado “bien común”.  Esta es otra de las máximas que nos han inoculado por décadas, la misma lleva implícita la idea de que el exitoso debe tener vergüenza de ser exitoso, que debe compartir con los demás su éxito e incluso que debería de pedir perdón por ser exitoso.  Es una manipulación espantosa del sentimiento de culpa que se siembra desde el igualitarismo.
Pero no todo es gris.  El discurso del presidente Macri, convocando al diálogo a todos los sectores políticos, da un soplo de esperanza.  Ojalá se alcance un consenso en los puntos fundamentales de la Argentina, puntos que deben ser despolitizados y analizados desde el sentido común para así terminar con el Imperio de la Decadencia Argentina.
 

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