Descentralización y fiscalidad
Gabriel Boragina



Suele diferenciarse entre la descentralización política y la económica, sin advertirse, a veces, que la primera es enteramente dependiente de la segunda si entendemos pordescentralización económica la plena autonomía de los entes, municipios, provincias, estados, etc. que se quieran descentralizar.

"el factor que actúa como catalizador entre el proceso fiscal local y el proceso político e institucional a nivel local es el pago libre y voluntario de un mínimo de impuestos y de contribuciones municipales o regionales. Así se origina el interés político. Así se completa la ecuación económica y política. Esta parece ser la ruta más directa hacia la mayor gobernabilidad. Desde luego tal pago estará condicionado por la capacidad fiscal real de cada jurisdicción."[1]

Como ya señaláramos en una ocasión anterior, no queda del todo claro qué empleo le está destinando el autor citado a la expresión "proceso" para referirse a lo fiscal distinguiéndolo de lo político (e institucional), ambos a nivel local. Sin embargo, ve como "catalizador" de ese "proceso" (que no queda manifiestamente explícito) el pago libre y voluntario de un mínimo de impuestos. La idea luciría atractiva -como también referíamos antes- si no fuera porque toda imposición viene decretada por una ley u otro tipo de resolución a nivel gubernamental (sea local o nacional), de donde se deriva que, si no existiera tal disposición legal la obligación de pago seria imaginaria, y es solamente en esta circunstancia en la que se podría hablar de una voluntariedad de tributación. 

La reflexión que hacemos es, ¿por qué limitarse a proponerlo exclusivamente para los casos de gobiernos o jurisdicciones locales y no extenderlo a ámbitos más amplios? Dado que si a ello se atribuye (como así parece desprenderse de la cita) el origen inmediato del interés político ("Así se origina el interés político") no vemos razón alguna para que ese supuesto "interés político" se limite exclusivamente al nivel local y no se expanda a toda la órbita nacional.

Esa ecuación económica y política tampoco resulta explícita. Lo cierto es que ninguna acción política puede llevarse a cabo sin contar con fondos para ello, por lo que es secuela a primera vista evidente que no habría tal ecuación, sino que ella se reduciría a la económica.

La diferencia -a nuestro modo de ver- es si los aportes necesarios para la acción política son compulsivos o voluntarios. Ninguna acción (sea política o no) es posible sin los mínimos recursos para llevarla a cabo. Debemos, pues, definir que tipo de acción queremos: ¿voluntaria o coactiva?

A nivel tanto local como general las opiniones están divididas entre la comunidad. Hay quienes creen ver en la compulsión la única manera de llevar adelante la acción política, en tanto que, por el lado contrario, existen los que entienden que la voluntariedad es suficiente y deseable en sí y por sí misma.

Suponer que sin compulsión no habrá acción política no tiene ningún fundamento, excepto que se crea que la civilización actual -en su totalidad- no se hubiera logrado sin compulsión por parte de estados, reyes, monarcas, emperadores, etc. Pero la cuestión, en última instancia, radica en una decisión social, entendida esta expresión no como simple entelequia, sino como la sumatoria de las voluntades individuales que constituyen un estado o nación. Ello -a su turno- determinará quien estará al comando de la gobernabilidad de la que habla el autor: si la ciudadanía o los políticos.

"El modelo de elección pública local supone que los contribuyentes, como votantes, van a participar más en la política local y van a vigilar rigurosamente a los políticos y burócratas locales. De esta manera habría mayor transparencia en el proceso fiscal y político y una más estrecha congruencia entre sus preferencias y las políticas municipales. La oferta de bienes públicos y la demanda por ellos estarán "más cerca" y habrá mayor correspondencia entre ellas. Pero, ¿qué tan realista es suponer que tal resultado se va a dar automáticamente como producto de la descentralización y de la aplicación de este modelo?"[2]

Indudablemente habrá una mayor inmediatez, pero de ninguna manera ello asegura un mayor compromiso por parte del contribuyente, especialmente (como es el caso argentino) cuando el pago de impuestos es obligatorio. A veces, se confunde en estos temas un superior y más inmediato acceso a la información con un equivalente control o capacidad de influencia en el destino de la recaudación fiscal. No siempre van de la mano, máxime cuando el sistema es compulsorio como el argentino. La condición de contribuyenteen un sistema de tal tipo no garantiza, de ninguna manera, que como votante aquel participe más en la política fiscal, la que -como se ha dicho- ya está regulada legislativamente. Depende de factores que en la cita no se consideran, y que son de orden psico y sociológico (conciencia ciudadana, responsabilidad económico-financiera, nivel cultural y educativo, etc.). Estos elementos -que el autor en comentario soslaya alegremente- son más determinantes que el "proceso" cuasi mecánico que describe como si fuera de funcionamiento automático. En otro caso, cabe interpretar que la cita parece suponer un modelo ideal de contribuyente, con una alta formación político-económica lo que no es el caso generalizado, y menos aún en localidades pequeñas donde parece querer focalizarse.

"Las elecciones son formas de escoger públicas y en ellas no son pocas las posibilidades que tienen algunos grupos pequeños para manejar la información y para inducir unos resultados dados. La corrupción no es un fenómeno extraño a nivel del proceso político local ni aun nacional en muchos países del mundo. La pregunta es si la descentralización y unas determinadas características de sus instrumentos y condiciones podrían contribuir a mitigar el problema o a hacerlo más agudo."[3]

El esquema propuesto en este párrafo parece plantear el caso de una ciudadanía impoluta frente a un grupo de inescrupulosos enquistados en el gobierno, sospechados y sospechosos por esa sola condición. No se ve cómo la descentralización podría ayudar a mitigar el problema de la corrupción o, por el contrario, a agravarlo. Tanto una cosa como la otra dependerá del previo nivel de corrupción que exista en la población, ya sea a nivel local o más amplio.


[1] Eduardo Wiesner. "La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local". Capítulo VI, en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina.Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág. 329
[2] E. Wiesner. "La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local". Capítulo VI, en Ludes-Rubio, ...Ob. Cit. pág. 329
[3] E. Wiesner. "La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local". Capítulo VI, en Ludes-Rubio, ...Ob. Cit. pág. 329
 

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