No es gradualismo, es sentido contrario
Alejandro A. Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


 
           El gobierno ha instalado la idea de que su política es “gradualista” -eventualmente, hacia una economía de mercado- para conformar a la opinión pública que no percibe “el crecimiento invisible”. Pero lo cierto es que no hay tal gradualismo, sino que se está yendo en sentido contrario: aumento del tamaño del Estado en detrimento -sobre todo futuro- del mercado, de la economía real.

           Las cosas en perspectiva. Desde el punto de vista teórico, no hay límite para el aumento del PIB de un país: podría ser del 50% anual, 100%, 200%... Pero sí, obviamente, en la práctica hay límites debidos, precisamente, a las limitaciones autoimpuestas por las personas, las sociedades: así, el crecimiento más espectacular que recuerdo fue el de Irlanda cuyo PIB habría aumentado 26,3% en 2015. Un crecimiento gradualista, desde que no aplica reformas radicales, es el de China cuyo PIB llegó a aumentar hasta 13,5% anual.

              En tanto que el propuesto por el gobierno argentino -del 3,5% para 2017-, no es un crecimiento “gradual” sino típico inercial de un país sin reformas. De modo que Argentina no solo no crece “gradualmente” ni siquiera al 3,5% prometido sino al 2,8% en el mejor de los casos, y solo 1,3% el PIB per cápita descontado el crecimiento poblacional del 1,5%. Pero lo peor es que, si hacemos un análisis rápido de este “crecimiento”, salta a la vista que no ha crecido el mercado genuinamente, la economía real y duradera, sino el Estado y/o sectores a los que el Gobierno les ha “regalado” un crecimiento circunstancial.

              Regalo pagado con una deuda estatal que ronda los US$ 380.000 millones, 40% más que hace dos años, que implica una ratio deuda-PIB del 65%. El equivalente al 35% del PIB recibió el gobierno actual en dos años para un crecimiento de solo el 2,8% en 2017. Y este endeudamiento sigue, y habrá que sumarle los primeros 52 proyectos PPP para 2018 -una inversión de US$ 21.000 millones- financiados por el sector privado siendo que el pago es a largo plazo y, por tanto, no figuran como deuda pública.

              Corroborando que el Estado crece a expensas del sector privado -y augurando un decrecimiento del mercado- la recaudación impositiva de febrero aumentó 37,7% en términos inter anuales. Por encima de la inflación, o sea que crecieron los fondos extraídos del mercado productivo para ser malgastados por el Estado.

             Ahora, dejemos de lado el que el EMAE de octubre, noviembre y diciembre arrojó resultados de 5; 3,9 y 2% mostrando una desaceleración, y detallemos este aumento del PIB en 2017. El principal motor ha sido la construcción -la privada dados los créditos hipotecarios apalancados desde el Estado y la estatal- que terminó 2017 con un incremento del 12,7%. En tanto, la producción industrial -especialmente entre los proveedores de la construcción-, avanzó 2,6%. Mientras que el consumo cae y la inversión -privadas- no arrancan, como reconoce el gobierno.

             Por cierto, “el viento de cola” ya no sopla lo que resulta preocupante para economías mercantilistas como la Argentina. Solo favorecería el crecimiento de Brasil, pero en contra va la sequía, el tipo de cambio real que luce 27,72% más competitivo en relación a noviembre de 2015 pero apreciado en 18,4% comparado con el promedio de los últimos 20 años, según la Fundación Mediterránea, y la “guerra del acero y aluminio” desatada por Trump que promete elevar los precios provocando que la Fed acelere las subidas de tasas.

            Finalmente, enfrentemos el crecimiento argentino al de España que, para el caso, son comparables. El PIB español creció en 2017 el 3,1% -solo por inercia, sin reformas ni siquiera graduales- según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas. Así, el PIB español se situó en € 1,163 billones, su máximo histórico en términos nominales, casi el triple de Argentina. Destacando el consumo y la inversión -privada- que creció 5% en el año, dos puntos más que en 2016.

            Las empresas españolas invirtieron en bienes de equipo 6,1% más. Asimismo, la inversión en construcción creció 4,6% en 2017, pero a diferencia de Argentina, se hizo de manera privada al punto que las obras en el exterior -de las seis grandes constructoras- suman € 81.470 millones, 91,3% del total, para sortear precisamente los mínimos históricos de la obra pública, teniendo en España solo el 8,5%, frente al 9,7% de 2016. Pero el Estado español no solo redujo la obra propia, sino que, entre otras cosas, la masa salarial del sector público se redujo 8,1% desde 2010.

 

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