El viento de frente que pinchará la burbuja
Alejandro A. Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


              Como vengo escribiendo desde que Macri asumió, el gobierno está armando una burbuja -a la que llama “crecimiento”- y que va camino de pincharse. En 2016 y 2017, la deuda pública nacional subió en US$ 80.269 M, equivalente al 15% del PIB, o sea, que entró efectivo -que debería incidir con fuerza en el modo en que se computa el PIB- por una suma muy superior al supuesto “crecimiento” de solo 0,6% (-2,3% en 2016 y 2,9% en 2017).

              Y ahora se complica el crédito, dada la subida de las tasas, a la vez que las monedas “duras” van camino de aumentar lo que amenaza con trasladarse al IPC, en una economía argentina encorsetada por regulaciones y con un peso del Estado que no la deja crecer.

            "Con amigos como Trump, ¿quién necesita enemigos?", dijo el presidente del Consejo Europeo recordando la subida de tasas de la Fed, sus zarpazos proteccionistas, su guerra con China y sus amenazas a Irán (una de las mayores reservas globales de gas y petróleo), que "podrían descarrilar la expansión europea" en momentos en que la deuda acumulada para intentar salir de la última recesión -con tasas bajísimas- es sideral y las autoridades monetarias no tienen ya recursos.

            Para el Banco Central Europeo (BCE) el primer golpe ha llegado con la subida del petróleo. Europa tiene buena salud, y el BCE estima un crecimiento de 2,4% para este año, 1,9% para 2019, y 1,7% para 2020, pero esto era con el barril de Brent a US$ 67 y el viernes ya superó los 78.

               Disipada la preocupación por la fortaleza del euro que ya cayó 5% desde los máximos de abril (1,25) frente al dólar y algunos temían que llegara hasta 1,40, considerando que la Fed aumentaría aún más las tasas y recordando que un tercio del IPC europeo es energía, el BCE podría subir las tasas “para mantener la inflación inferior pero cercana al 2%". El Bund -el bono alemán con vencimiento a 10 años-, arrancó 2018 con una rentabilidad del 0,427%, tocando el 0,76% el 2 de febrero, hasta ubicarse hoy en el entorno del 0,65%.

                Ahora, veamos como el gobierno argentino ha venido inflando a la economía. Tomemos por caso la construcción que ha sido uno de los pilares del “crecimiento”. A raíz de la “crisis cambiaria” se ha visto obligado a ralentizar la obra pública para bajar el gasto que ya no puede financiar con tanta facilidad, aunque puede prolongar la fiesta un tiempo más gracias al FMI.

               Por su lado, la obra privada ha sido inflada por créditos apalancados desde el Estado -los hipotecarios UVA ya llevan otorgados cerca de $80.000 M- forzando la demanda de construcción por encima de lo que sucedería naturalmente. Según la Universidad Di Tella, con US$ 1.000 en 2004 se compraba 0,85 metro cuadrado, y ahora sólo 0,3.

              El costo de construcción medido dólares en estos últimos tres años creció 100% y Argentina tiene hoy un costo superior a EE.UU. y Europa. Según Orlando Ferreres y As., el valor del metro cuadrado hoy es de US$ 2750, solo superado por los US$ 2792 de 1980 siendo que luego el valor se desplomó hasta los US$ 1800 en 1981, y US$ 816 dos años después.

                     Partiendo de estos exagerados valores del capital invertido, hoy la rentabilidad neta de un alquiler ronda el 2,5%, según Reporte Inmobiliario, la tercera parte de lo que se obtenía hace 10 años y un cuarto de lo que se daba en las mejores épocas. Entretanto, el bono del Tesoro rinde hoy 3,1% en dólares. O sea, que se da la ridiculez de que es mejor negocio vender las propiedades, incluso la vivienda propia, e invertir en bonos con cuya renta puede alquilarse una propiedad igual quedando una diferencia a favor.

                   Esto es de suyo es insostenible en el tiempo y, además, se suma que el dólar que en diciembre cotizaba a $17,45 ahora ronda los $25, es decir, se requiere juntar un 40% más en pesos para comprar una propiedad, con salarios que crecieron mucho menos. Y para remate y promover una caída importante en la demanda y en los precios de las propiedades y, por tanto, en la compra y construcción privada, se suma el encarecimiento de los créditos. Por caso, el Banco Nación incrementó la tasa desde el 23,5% anual al 26,5%.

 
 

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