No es recesión, sino caída en serie
Alejandro A. Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


          
             Definitivamente no hubo tal cosa como “gradualismo” en favor del mercado, porque de ser verdad -dice la lógica, ciencia despreciada- deberían verse “graduales” mejoras que no se dieron, salvo un “crecimiento” en 2017 inflado en base préstamos y que se esfuma.  

             Gradualista ha sido China cuyo PIB creció sostenidamente incluso hasta el 13,5% en algún año. Por cierto, me pareció gracioso un artículo José Azel - “Cómo Mao Zedong ayudó a reducir la pobreza”- donde concluye que “En 1976 (Mao) cambió la dirección de la pobreza global dramáticamente con un simple acto: desapareciendo” posibilitando que su sucesor, Deng Xiaoping, introdujera reformas pro mercado.

             La economía de EE.UU. en el segundo trimestre de 2018 se expandió a una tasa anualizada del 4,1%. Repunte sólido frente al 2,2% de los tres primeros meses que fortalecerá al dólar. Por otra parte, ese período fue negativo para los emergentes y el conjunto de sus divisas, según el EMCI de JP Morgan, se depreció 10% frente al dólar y el EMBI spread (rentabilidad media de la deuda en divisa fuerte de los emergentes sobre la deuda de EE.UU.) repuntó 60 puntos básicos por aversión al riesgo.

            No ayuda la suba de las tasas de interés en EEUU, que llevó la TIR de la deuda a 10 años a tocar el 3%, detonando la salida de flujos de los emergentes hacia esta deuda. Aunque luego julio empezó con calma: el EMCI acumula en el mes una apreciación del 1% frente al dólar y el EMBI relaja más de 20 puntos básicos. La Fed, que se reúne esta semana, dejaría intactas las tasas entre 1,75% y 2%, donde están desde junio.

          Resumiendo: el panorama no es de lo mejor para los emergentes, pero la economía argentina con viento de cola o frente funcionará -o no- en tanto se torne más eficiente, esto es, que el peso real del Estado disminuya en relación al PIB del sector privado.  
                    
         En Argentina, en sintonía con la caída del 5,8% de la actividad económica, en mayo respecto de abril se produjo una baja del 0,1% en el empleo y acumuló en los dos primeros meses del segundo trimestre una destrucción de 26.100 puestos de trabajo. La cantidad de empresas que preve disminuir trabajadores saltó 37% (de 5% a 6,7%) respecto de los tres meses previos.

            El Índice General de Actividad de O. Ferreres en junio cayó 4,5% interanual y 0,8% desestacionalizado contra mayo y, atenti al dato, la actividad está en niveles inferiores a los de fines de 2015. O sea, la economía volvió a su lugar real tras el inflado de 2017. La producción industrial cayó en junio 5,4% interanual aunque el acumulado del primer semestre subió 1,5%, según FIEL.

            Algunas consultoras ahora ven una caída del PIB para 2018 de hasta el 1%, pero finalizaría la “recesión” y volvería el crecimiento en 2019. Pero, así como no acertaron con la adivinanza cuando a fines de 2017 “pronosticaban” un crecimiento de hasta el 3,5% para 2018, se equivocan ahora.

              Hay recesión cuando cae la economía durante dos o más trimestres seguidos, viniendo de años de bonanza. Y acá no hubo bonanza -salvo el 2017 que no vale- sino caída constante desde antes de la asunción de Macri. Y esto debido a un claro aumento del peso del Estado -recaudación, inflación y endeudamiento/tasas altas- sobre el sector privado, política sobre la que no se vislumbra un cambio real, por el contrario, presionado por el FMI se intenta aumentar la recaudación.

            Según Keynes, una recesión se da cuando familias y empresarios pierden confianza, lo que no es cierto porque el mercado se maneja en tiempo real y con datos concretos, nunca con expectativas. Además, atribuir la caída del PIB a la sequía es escaparle al bulto ya que los fenómenos naturales son parte regular del ciclo agropecuario.

           El BBVA, entre otros, estima que el año finalizará con una inflación del 32%. En mi opinión se quedan cortos. Y para sumar más presión al dólar, el gobierno dice que necesitará emitir deuda por US$ 15.300 M en 2018. Pero para algunos consultores serán US$ 25.000 M. El BCRA vio caer su patrimonio neto 44% entre el 15 de julio y el 23 de julio, US$ 11.377 M, pasando a 14.260 M, desde los 25.638 M.

         El gobierno cree que ha “estabilizado” al dólar lo que sería un gran logro y podría reducir el costo del dinero. Desde que comanda Caputo el BCRA -15 de junio- el dólar mayorista cayó 71 centavos. En el Rofex el billete verde a fin de año se pactaba a $31,90, +16% respecto al precio actual. En Wall Street, en los Non Deliverable Forwards (NDF), también se percibe una tendencia alcista. El mercado está valuando que para dentro de 12 meses el dólar costará $37,5 o un 36% más de devaluación. Por todo lo visto y la irracionalidad actual, podrían quedarse muy cortos.
 

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